Sobre el libre albedrio.

El ser humano puede elegir y tomar sus propias decisiones, sin condicionantes. Eso es algo que nos diferencia de una piedra. Esta, sin más remedio, cuando la soltemos desde lo alto, caerá hacia abajo sometida a la fuerza de la gravedad, girará según un modelo aerodinámico, y cuando toque tierra allí se quedará, a menos que el terreno resbale o que de un bote, tras lo cual, tarde o temprano, se detendrá.

Es al menos curioso pensar en que las galaxias y demás entes espaciales siguen con absoluta obediencia unas leyes pronosticables, y por tanto, cognoscibles (si bien no para la limitada inteligencia del ser humano, pero cognoscibles al fin y al cabo). Sin embargo, saber lo que voy a comer cuando me levante del sofá es una variable mucho mayor.

Me comentaban en una noche de hogueras, de hogueritas de San Juan (la hoguera, la hoguera, la hoguera, la hoguera tiene, qué se yo, que sólo lo, tiene la hogue-e-e-ra, cantando al bueno de Krahe), que pensar en el vasto espacio da como miedo. No el terror que te atenaza, sino el miedo a sentirse minúsculo, carente de significado o sentido vital. Y sin embargo, los planetas siguen con sus rotaciones, las lunas idem, los soles en sus trayectorias dentro de las galaxias, estás en su pasear a través del espacio, todo perfectamente predecible mediante modelos de conocimiento.

¿Somos o no algo especial? Y ya no hablo sólo de los seres humanos, sino de la vida. Yo, por lo menos, me siento orgulloso de estar vivo. No es que la existencia de la piedra me resulte sosa, ni ajetreada, es que más bien, me resulta predecible. Pero ni yo mismo sé donde estaré mañana, puedo tratar de predecirlo, pero seguro que me equivoco, para mi placer. Y no consiste en ir a Taj Mahal, ni acercarse a la Antartida. Si no de sorprenderse con algo nuevo.

¿Como afrontamos los vivos la muerte, la casilla del final en casi todos los juegos de mesa? Esta pregunta, que hay que hacerse, al menos una vez en la vida, es una de las más importantes. El maestro Brassens nos alzó una suplica de como veia él su descanso eterno, ya que no nos corresponde a nosotros mismos el darnos sepultura.

Sea pues, aquí os lo dejo, aunque quiero que sepais que no se cumplió su suplica.

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Una respuesta to “Sobre el libre albedrio.”

  1. SorAnnoria Says:

    Thank you

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