Algo de mí, para tí, que lees.

Y así comprendí, viendo como tu figura se alejaba en la mañana, que todo había cambiado.

Aquellas paredes del alma, donde nuestro ser se apoya para tomar fuerzas para el acto supremo de la vida (vivir), se desmoronaron mientras tu pelo se mecía al ritmo que imponían tus sutiles andares.

Cómo levantarse sin algo sólido en lo que apoyarse,

cómo respirar sin el clavo traicionero atado al madero.

Cómo aprender a vivir con tino,

tras haberte tenido entre mis sentidos.

Luz de la mañana, que las sombras dispersas, ¿para qué viniste a la cita rauda como flecha?

Brisa cansada de trasnochar helada, ¿tuviste fuerza para atender su llamada?

Hora de reloj marcada, nada detiene tu avance , ¿no tuviste con mis lágrimas bastante?

Ave ruidosa y malvada como arpía, ¿callar no querrías?

Seguiré caminando, mientras me queden fuerzas.

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