Exquisito ejemplo de como ser un bicho raro, nos lo da John Turturro en este fragmento de refinada belleza cinematográfica. Como nos gusta lo bizarro.
Igualmente increible esta adaptación que hacen los Gipsy Kings del inolvidable tema de los Águilas (vamos, The Eagles), Hotel California.
Reconocer en El Gran Lebowski una gran película es como el descubrimiento del acero (a buenas horas, pensarán muchos) pero inevitablemente, si uno desea tener criterio cinematográfico, tarde o temprano tiene que pasar por sus redes. Esta película, por la edad en la que la descubrí, por la gente que me rodeaba en aquellos tiempos, y por lo que supuso para mí, está marcada en rojo en mis recomendaciones. Y es que ver al Notas como reclama su alfombra, no tiene precio. Tampoco el viento en la playa. Y nunca un lanzamiento de bolos tuvo semejante plasticidad y cuidado estético.
Sin más, veamos a Turturro y escuchemos a los Gipsy:
Love, grupo estadounidense de finales de los 60 y principios de los 70, fue una banda de rock psicodélico, encabezada por Arthur Lee, cantante, guitarrista y compositor. Hablar de “Forever Changes“, su tercer álbum, es hablar de lo que muchos consideran como un indispensable en la lista de deberes de un buen melómano que se precie de serlo. Y dentro de éste disco, para mí, brilla como la estrella de la tarde una canción llamada AndMoreAgain, cuya letra dice:
And if you’ll see Andmoreagain
Then you will know Andmoreagain
For you can see you in her eyes
Then you feel your heart beating
Thrum-pum-pum-pum.
And when you’ve given all you had
And everything still turns out
Bad, and all your secrets are your own
Then you feel your heart beating
Thrum-pum-pum-pum.
And I’m
Wrapped in my armor
But my things are material
And I’m
Lost in confusions.
‘Cause my things are material
And you don’t know how much
I love you
Oh, oh, oh…
And if you’ll see Andmoreagain
Then you might be Andmoreagain
For you just wish and you are here
Then you feel your heart beating
Thrum-pum-pum-pum.
Aquí teneis a un viejo y enfermo Arthur Lee cantándola un año antes de su muerte. D.E.P.
¿Qué se puede decir de este hombre a quien no haya tenido el placer de sentir en el alma su música cargada de poesía y profundos pensamientos?
Para mí, Paco, es uno de los mejores descubrimientos que me llegaron en la juventud. Qué mejor forma de conocer la obra de Lorca, Quevedo, Juan Ruiz, Jorge Manrique, y otros tantos que a través de la melancólica voz del bardo. Nunca he dejado de sentir con sus canciones, que repito como salmos, cuando la condición anímica lo permite.
Sin más, aquí os dejo un directo (en cuanto a calidad del primer tema, pues no anda sobrado, se han visto mejores interpretaciones, la edad se nota, pero aquel que tuvo, retuvo) en el Liceo de Barcelona. La primera canción está cargada de realidad, y la segunda es de las más bellas que he escuchado nunca.
Por cierto, la segunda es de Lorca, como no podía ser de otra manera…
Hoy me he levantado de la cama con una obsesiva idea rebotando en mi cabeza. Cuando esto sucede, trato de ocultarme del mundo que me rodea, pues mi mente interpreta cualquier acto en derredor como teniendo relación con la maquiavélica “idea obsesiva”. Sé que abrir una nevera en nada tiene relación con este estado mental tan mío, pero, aunque la razón salte y maldiga, se abren puentes en mi mente que los relacionan de forma muy convincente, creando ideas absurdas derivadas de esa primaria.
No es extraño que en esta suerte de aflicción mental pueda relacionar tranquilamente una zapatilla con Kafka, o el azul con la mantequilla. Esto, lo sé, debería preocuparme, pues algún día podría meterme vestido en la ducha, o con algún aparato eléctrico (lo que, obviamente, resultaría más trágico, pero menos vergonzoso…). Sin embargo, dicho lo lógico, que se abra a la mente la realidad que en mi se posa. No me interesa ponerle coto, pues es un estado interesante, pues conservando la fría y potente lógica, ésta se ve vencida, claudicada frente a esas ideas aberrantes. Cuando pasa el cuadro, no más de diez minutos, puedo reflexionar sobre lo acontecido, y sobre las vueltas que puede hacer la mente racional tratando de explicar lo que se piensa. Es un concepto abstracto, pensar en lo que se está pensando, pero no es complicado. Uno puede pensar mal de si mismo cuando se descubre pensando en algo que no debería.
La aparición de estas ideas es enormemente escasa, pudiendo ser incluso un cuadro pseudoonirico, en el que aún no se ha activado la conciencia de forma adecuada, pero lo que está claro es que la memoria funciona, y la razón también, aunque sin posibilidad de actuación o inhibición de otras ideas o actos.
Curioso es también el por qué me interesa este tema. ¿Hasta que punto somos dueños de lo que pensamos? ¿Organizo yo, como ser individual (aunque biologicamente hablando lo más apropiado sería verme como un ecosistema completo de seres microscópicos), la información que me llega por los sentidos y la almacenada en la memoria a largo y corto plazo, de la misma forma que los demás seres humanos? ¿Qué es el interés humano? ¿Por qué dedico mi tiempo a este pequeño ensayo o a pensar en estos sucesos de mi mente? ¿Acaso no hay cosas mejores en que pensar?
Pues para pensar en el interés humano, que puede ser variado, aquí os dejo tres cosas que, no se hasta qué punto, podrían ser universales en cuanto a las preguntas que se hace el ser humano medio (que no medio ser humano).
Esta canción significó para mí mucho más que lo que anuncia: tiene algo mágico este Serrano de pura cepa cuando habla del amor más duro, nada de ñoñerias, de lo trágico y hermoso que puede llegar a ser mientras se deshace entre los dedos. Sin más, que hablé Ismael:
Pues encontré esto un dia de aquellos en los que el corazón te pide algo más de lo que tienes (bonita jugarreta de la vida), y la verdad, es que me impresionó realmente. No sólo por la calidez de la voz de aquí el currante Isaac Slade, sino por esa sinergía que consigue con la música.
Muy buen directo.
Por cierto, momento “Mr. Bean” al colocar el premio recibido en el “muy respetable” suelo, del de pisar de toda la vida, exquisito detalle.
Y así comprendí, viendo como tu figura se alejaba en la mañana, que todo había cambiado.
Aquellas paredes del alma, donde nuestro ser se apoya para tomar fuerzas para el acto supremo de la vida (vivir), se desmoronaron mientras tu pelo se mecía al ritmo que imponían tus sutiles andares.
Cómo levantarse sin algo sólido en lo que apoyarse,
cómo respirar sin el clavo traicionero atado al madero.
Cómo aprender a vivir con tino,
tras haberte tenido entre mis sentidos.
Luz de la mañana, que las sombras dispersas, ¿para qué viniste a la cita rauda como flecha?
Brisa cansada de trasnochar helada, ¿tuviste fuerza para atender su llamada?
Hora de reloj marcada, nada detiene tu avance , ¿no tuviste con mis lágrimas bastante?
Ave ruidosa y malvada como arpía, ¿callar no querrías?
Decir Silvio Rodriguez es decir Cantautor (así, con mayúsculas). En esta canción, con seguridad una de sus más celebres creaciones, habla de amor, desbordante, que te supera, que no puedes (ni quieres) controlar.
Y la versión que ofrece en este concierto, Mano a mano con Aute, es una de las mejores a mi parecer, por el grado de compenetración entre público y Silvio y por la fuerza de su voz.
Poco a poco se abre en mi mente una figura que, a través de un halo de misticismo, me ha acompañado en mi crecimiento como ser humano (y otros tipo de crecimientos…), muchas veces sin saberlo, descubriendo la belleza y profunda hermosura de su obra antes que su autoría.
No creo que necesite decir mucho más que su nombre: Federico García Lorca. Leí por ahí que era tan español (no de esos que dicen serlo, sino de los que lo sienten, y no lo imponen ni recomiendan) que no podía estar lejos de su tierra. No quiero darme importancia por compararme a él en este aspecto, pero a mí me pasa lo mismo. No puedo vivir lejos de mis raíces, pues me sustentan y me nutren.
Encontré en la red este video de una gran agrupación musical, “Luar na lubre”, llevando al arte de la canción este poema llamado “Madrigal á cibdá de Santiago” que firma Federico en su obra “Seis poemas gallegos”.
Para que el que no tenga el placer de entender el idioma gallego, he aquí una aproximación a lo que podría dar a entender el poema, sacada de http://www.poeticadigital.com/:
Llueve en Santiago
mi dulce amor.
Camelia blanca de aire
brilla temblorosa al sol.
Llueve en Santiago
en la noche oscura.
Yerbas de plata y de sueño
cubren la nueva luna llena.
Mira la lluvia por la rúa
lamento de piedra y cristal
Mira el viento descolorido
sombra y ceniza de tu mar.
Sombra y ceniza de tu mar
Santiago, lejanía del sol.
Agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.